La Suerte…

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Hace varios meses, mientras acompañaba a un grupo de empresarios y ejecutivos dominicanos que participaban en el World Business Forum en Nueva York, recibí por parte de WOBI, organizadores de este gran evento, una carta donde reconocían a INTRAS por ser por segundo año consecutivo la mayor delegación de participantes de un país latinoamericano. Feliz y honrado por el reconocimiento a nuestro trabajo, quise compartir una imagen de la carta con mis amigos y relacionados a través de las redes sociales.

Entre los comentarios de felicitación, un amigo de la infancia me comentó: «Muchas felicidades, Ney. Puede que muchos te cataloguen como un hombre con suerte sin saber lo mucho que trabajas para llegar donde estás. Te felicito a ti y a tu gran equipo por los logros y los que faltan”. En medio de mi agradecimiento por su comentario sincero y espontáneo, me llegó a la mente un pensamiento: “¿Y habrá personas que, como dice mi amigo, consideren que detrás de aquel reconocimiento el factor suerte tuvo algo que ver?”

Me puse a meditar en esto y recordé como en el 2010 pagué mi inscripción y tomé un avión para explorar en qué consistía este evento del que tanto había leído y escuchado. Recordé cómo, maravillado con la experiencia, escribí y llamé a los organizadores durante todo un año para que, quizás cansados de mi insistencia, me indicaran que en el evento del próximo año les procurara personalmente para conversar sobre el tema. Recordé como esperé pacientemente a que pasara ese año y de nuevo pagué la inscripción y tomé un avión. Ya estando en el evento, con toda mi ilusión, me acerqué a la persona con que había quedado en reunirme y me introduje. Sin embargo, esta persona ─en medio de su rush del momento─ apenas atinó a decirme «hola» apresuradamente mientras seguía inmersa en sus labores. Recordé, también, como durante todo el evento ─teniendo mi objetivo muy firme─ intenté encontrar el momento adecuado para hablar con esa persona, solo para terminar frustrado sin resultado alguno.

Recordé cómo, a pesar del fracaso de ese viaje, le escribí a la persona reiterando mi interés en conversar sobre representar ese evento en mi país. Recordé cómo, finalmente, logré hablar con la persona indicada, quien accedió a hacer la prueba con nosotros, indicándonos que antes de considerar otorgarnos la representación debíamos trabajar a través de sus representantes para Centroamérica. Recordé cómo invertimos todas nuestras energías para promover este evento prácticamente desconocido en el país. Recordé, también, cómo todo nuestro equipo se esmeró en cuerpo y alma para que los participantes dominicanos tuviesen una gran experiencia. Por último, recordé como, debido a que el número de participantes dominicanos fue tan alto, tan pronto finalizó el evento nos ofrecieron proactivamente la representación directa para el país.

Cuando terminé de reflexionar acerca de este largo y complicado proceso, me pregunté: ¿Y dónde ha estado la suerte en todo esto? Fue aquí cuando recordé la suerte que tuve de poder hacer esos dos viajes a explorar la posibilidad de hacer este negocio. Recordé, asimismo, la suerte que había sido el hecho de que el representante de Centroamérica en aquel entonces no es solo hoy día un excelente aliado, sino también un gran amigo. Recordé la gran suerte y el privilegio que tenemos en nuestra empresa de contar con un equipo de personas comprometidas que me permitió lanzarme en aquel proyecto. Y sobre todo pensé en la suerte de haber tenido en todos aquellos intentos una lección más de vida en la que aprendí que ante los retos siempre hay que «resistir, persistir e insistir». Llegué a la conclusión de que para alcanzar aquel logro no había tenido solo suerte, sino que realmente había tenido muchísima suerte…

El objetivo de este blog no es narrarles una historia personal de éxito ni nada por estilo. El objetivo es compartirles una reflexión personal de que muchas veces perdemos la perspectiva y creemos que en las pequeñas o grandes cosas que logramos con mucho esfuerzo no ha intervenido de alguna forma la suerte o, ¿por qué no decirlo?, la providencia. De igual forma, debemos realmente tener la humildad de reconocer que muchos de nuestros logros se sustentan en “suertes” que hemos tenido antes y sobre las cuales hemos podido sustentar nuestros esfuerzos.

¿Consiguió un trabajo? Es probable que, contrario a muchos otros, usted tuviera la oportunidad de poder estudiar y prepararse para ese trabajo, o de adquirir la experiencia que le hizo calificar para este. E incluso, es probable que usted tuviera la suerte de ser escogido entre muchos otros candidatos que hoy “matarían por estar en su lugar”. ¿Recibió una promoción o un aumento en este mismo trabajo? Es probable que además de su esfuerzo, usted tuviera la suerte de estar en una empresa que reconoce y promueve a sus empleados. O la suerte de haber tenido un jefe que reconoce el esfuerzo de su gente. Pero incluso si usted está leyendo este blog en un momento o coyuntura difícil en su vida, le aseguro que es altamente probable que lo superará y que cuando usted mire hacia atrás, verá este acontecimiento como un peldaño en su crecimiento o maduración como persona. De hecho, salvo que se trate de una tragedia personal, es probable que usted se refiera a este momento difícil como algo que tuvo la suerte de que le sucediese.

Aquello que muchos denominamos suerte casi nunca hace su aparición de la nada. Tal y como les digo a algunos amigos: «la suerte es media boba, por lo que casi siempre hay que provocarla para que reaccione. Y además, tiene un problema serio de visión y solo puede ver a las personas cuando están en movimiento». Y, por último, quisiera recordarle algo muy importante: nunca debemos asumir nuestros logros como únicamente nuestros, sino como el resultado de un proceso al que han contribuido muchas otras personas a lo largo del tiempo.

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